Esta historia comenzó hace más de 50 años en Oliva, cuando Emilio García abrió un pequeño taller de relojería y joyería movido por su vocación artesanal. Con el tiempo, aquel pequeño negocio familiar fue creciendo y evolucionando, manteniendo siempre el amor por el oficio y el cuidado por cada detalle, valores que hoy siguen siendo la esencia de La Joia.